Doce niños asisten a las sesiones de equinoterapia en el “Refugio”

 Doce niños asisten a las sesiones de equinoterapia en el “Refugio”

Iniciaron a fines de julio con tres pacientes. Quieren llegar a tener cincuenta por semana.

Doce chicos asisten a las sesiones de equinoterapia en el Refugio de Contención Animal, popularmente conocido como La Canera. La actividad comenzó hace menos de dos meses y el número de asistentes va en aumento ya que empezaron solo tres.

“Estamos muy contentos por la respuesta de la gente. Desde que dimos comienzo a las sesiones las consultas no han cesado. Destinamos los lunes, miércoles y viernes cuatro horas por día”, explicó María José Sheppard Núñez, la responsable de las clases.

Las terapias son aptas para personas con discapacidad a partir de los dos años de edad. Hoy, todos los que asisten son niños de hasta 13 años. “El proyecto con Eva Ojeda, que es la médica, es poder asistir también a los mayores, si bien no van a poder subirse y montar, pueden hacer terapia en el suelo, acariciando al animal, peinándolo, paseándolo, higienizándolo, entonces vamos adaptando todo a sus aptitudes”, agregó.

La profesional además contó que la evolución de cada persona varía según la patología o el diagnóstico que tenga. “En algunos casos en cuatro o cinco encuentros vas notando un progreso, pero otros quizá tarden un año. Yo programo actividades, siempre teniendo previamente el certificado médico para saber qué puede hacer y qué no, y planteo objetivos. Si el desarrollo es óptimo y cumplen con lo estipulado les doy el alta. Pero hay personas que necesitan hacerlas de por vida, como por ejemplo alguien con parálisis cerebral o con un autismo pronunciado”, subrayó la directora.

El saludo. Antes de comenzar con su terapia, los pacientes acarician, peinan y pasean al equino. Después lo montan y antes de finalizar el encuentro, lo alimentan a modo de agradecimiento.Foto: Luciana Iglesias.

Cada sesión tiene una duración de aproximadamente 45 minutos. La primera tarea es el contacto con el equino, el paciente lo acaricia, lo peina y camina con él. “Después el resto es un mínimo de media hora montándolo y haciendo ejercicios, con los brazos, con pelotitas o cintas, con palmas, con sonidos, entonces el coterapeuta (que es el caballo) tiene que ser tranquilo y paciente para que nada lo asuste. Antes de terminar a modo de agradecimiento lo alimenta. Es una relación muy linda la que se genera y por eso cada terapia es individual”, detalló Sheppard Núñez.

La evolución del paciente depende del diagnóstico que tenga, pude ser en cinco sesiones o en un año (María José Sheppard-directora de las sesiones de equinoterapia)

Maximiliano Sellecchia, padre de Nayara, una paciente de 12 años, contó que su hija tuvo un accidente cerebrovascular (ACV) en la gestación que le formó un coágulo en el hemisferio izquierdo del cerebro. “Ella no puede mover bien sus extremidades, tiene déficit de atención, todo a causa de lo mismo. Fue una de las primeras personas en venir a las terapias y nosotros como familia vemos que le hace muy bien, le gusta mucho. Cada vez que le digo que tiene turno se le ilumina la cara, incluso no quiere irse más. Después está tranquila, relajada. Si bien tiene muchas actividades, todas para la estimulación motriz, este es su cable a tierra, le encanta”, remarcó el hombre mientras veía cabalgar a su pequeña desde un costado del predio.

Cada paciente concurre una vez a la semana, el objetivo es que unas cincuenta personas puedan hacer las sesiones. A medida que la demanda aumenta van modificando la cantidad de días o las horas para que todos puedan asistir. 

Fuente: El Diario de la República

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